Presentación

A partir del fracaso de la frenología que pretendía relacionar la psicología de los seres humanos por la forma de las protuberancias craneales, el mundo de la psicología científica ha considerado que las formas del cuerpo físico no nos podían informar de la psicología del ser, lo cual, evidentemente excluía también las formas del rostro. Se creía desde hace unas cuantas décadas, que las características psicológicas humanas eran casi exclusivamente el resultado de las influencias ambientales. Decir esto equivalía a afirmar que el hecho físico no nos puede informar del hecho psíquico. Esta desvalorización iba en contra de un credo intuitivo público y mayoritario, que nos dice que la cara es el reflejo del alma, entendiendo el alma como sinónimo de nuestra psyche o si se prefiere, de nuestra conducta.Ahora se sabe que esa creencia científica era falsa: la gran mayoría de las características psicológicas cuenta con una contribución genética, en ocasiones en un alto grado; inteligencia, memoria, búsqueda de la novedad y nivel de actividad, la mayoría de enfermedades psiquiátricas e introversión-extroversión, actitudes religiosas, todas, muestran cierto grado de influencia genética.Las teorías tradicionales del desarrollo sostenían que las influencias genéticas tenían importancia durante la lactancia y la primera infancia, pero que esta relevancia iba disminuyendo de manera importante a medida que el niño maduraba; ahora, las investigaciones muestran que, en el caso de muchos rasgos, los efectos genéticos aumentan a lo largo de la infancia y la adolescencia. Así también, se afirmaba que las influencias ambientales de la conducta (p. ej., nutrición, educación, experiencias), eran compartidas por los miembros de la familia, en lugar de ser experimentadas únicamente por los individuos: ahora se sabe que, al contrario de lo que plantea esta teoría, para muchos rasgos, las influencias genéticas hacen distintos a los miembros de una familia y que nuestra elección, modificación e interpretación de nuestros ambientes se encuentran muy influenciados por nuestra genética.

También sabemos que el fenotipo, es “la forma física que adquiere el genotipo por las influencias del ambiente”. Por lo tanto, si la “forma o estructura” del fenotipo, es el resultado de los genes y el ambiente, y “ésta forma” nos informa de la psicología del ser humano, indefectiblemente esta forma tiene que tener una representación en la morfología de nuestro cuerpo. Por lo tanto, la estructura morfológica sí que nos informa de nuestra psicología o si se prefiere de nuestra conducta

El Dr. Julián Gabarre demuestra científicamente en su tesis doctoral que el cerebro y el rostro son las dos caras de una misma realidad.

La psicología actual se fundamenta en el autoinforme, es decir en los cuestionarios, test y entrevistas que se hacen, pero los entrevistados o los que contestan los que contestan los cuestionarios y test, no conocen su inconsciente por lo que dicha información es subjetiva y el entrevistador también interpreta las contestaciones en función de su personalidad y valores, por lo que también dicha interpretación es subjetiva. Y no digamos en las entrevistas, test o cuestionarios que se hacen para selección de candidatos a cualquier puesto de trabajo, ya que si dicho candidato  es medianamente inteligente sabrá adaptar su discurso y respuestas en función de sus intereses y no dirá lo que no le interesa.

El rostro es una realidad objetiva que nos informa del consciente y del inconsciente, del genotipo y del fenotipo, y de sus competencias con una precisión inigualable al ser la terminal de nuestra neurofisiología y sus significados psicológicos mediante el estudio y observación profunda del mismo (al ser el resumen de nuestro cuerpo),

El Dr. Gabarre en base a su experiencia empírica e investigación científica y divulgadora, en dirección de empresas, en dirección de personas, en psicopatología, en la educación, estimulación, orientación nutricional y desarrollo psicofisiológico del niño, en la orientación vocacional/profesional y clínica terapéutica con éxitos sin precedentes, ha estudiado la interconexión y desarrollo del cerebro y el rostro desde la embriología, la genética, la neurofisiología. la personalidad, conducta e inteligencia, competencias, actitud y aptitud, la mayoría de trastornos psicopatológicos, el pasado emocional y su actualización.